“Soy rubio, ¿y qué?”: el pasado columnista de José Antonio Kast en The Clinic donde escribió sobre Gabriel Boric, Lula da Silva y la ola feminista de 2018
El 11 de marzo, en el Salón de Honor del Congreso Nacional, dos hombres se estrechan la mano mientras las cámaras captan el momento. Uno entrega la banda presidencial; el otro la recibe. Gabriel Boric da un paso atrás y José Antonio Kast avanza hacia el centro del salón para iniciar su mandato.
Es el momento en que el mando cambia de manos, el instante solemne en que una biografía política se cierra y otra comienza. Ocho años antes, sin embargo, la escena era otra. No había banda presidencial en el horizonte.
Kast estaba frente a un computador escribiendo una columna para The Clinic, publicada el 6 de julio de 2018 bajo el título El padrino de las tomas. En ese texto se detenía precisamente en la figura de Boric, entonces diputado frenteamplista, a quien retrataba como símbolo de una generación política nacida al calor de las movilizaciones estudiantiles. “¿Qué más se le puede pedir a quien en vez de estudiar se dedicó a tomarse su escuela y luego la universidad?
”, escribía Kast. Y agregaba una descripción todavía más áspera: hablaba de “ídolos con pies de barro que la izquierda hípster idolatra”, dirigentes que —según su mirada— habían construido su historia “a través del conflicto y la mediocridad académica”. En ese momento Kast no era presidente ni parecía cerca de serlo.
Era diputado independiente por el distrito 24, venía saliendo de su primera candidatura presidencial en 2017 —donde obtuvo cerca del 8% de los votos— y estaba en pleno proceso de levantar Acción Republicana, el movimiento político que terminaría convirtiéndose en el Partido Republicano. Desde esa posición comenzó a publicar una serie de columnas de opinión en The Clinic, sumando su firma a una lista de colaboradores tan disímiles como el fundador de este medio Patricio Fernández, el escritor Pedro Lemebel, la periodista Alejandra Matus o el escritor Alejandro Zambra. Entre abril y julio de 2018 firmó más de una decena de columnas, casi todas escritas en el primer semestre de ese año.
En ellas presentó un tono frontal, valórico, dirigido principalmente a figuras de la izquierda chilena y latinoamericana. Por ejemplo, en Mi amigo Lula cuestionaba a Boric por defender al expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien entonces enfrentaba investigaciones judiciales por corrupción. En otros textos criticaba el feminismo contemporáneo, el Museo de la Memoria y la forma en que —a su juicio— la izquierda interpretaba la historia reciente del país.
Pero fue El padrino de las tomas la columna que dejó uno de los retratos más nítidos de su relación política con Boric. También la que describió su antagonismo político, el que solo creció con el paso del tiempo, consolidando a ambos como las mayores figuras de la política nacional. Entre esas dos escenas —la del político escribiendo desde la oposición y la del presidente recibiendo la banda— quedan las columnas que Kast publicó en The Clinic.
Textos que hoy funcionan como un registro de su etapa previa al poder y que anticipaban, en su tono y en sus adversarios, el tipo de confrontación política que marcaría su camino hasta llegar a La Moneda y también los valores que Kast, desde siempre, ha intentado promover. José Antonio Kast en defensa propia (y de su padre) La primera columna de José Antonio Kast en este medio se remonta a 2015 —cuando aún era diputado UDI—, siendo la única que comparte durante ese año. Titulada “Miguel Kast Schindele, un hombre ejemplar“, alude al pasado migrante de su propio padre como respuesta a la nota “La historia oculta de la familia Kast“, publicada justamente en The Clinic.
En ella, el periodista Rodrigo Alvarado describe brevemente el recorrido de Miguel Kast Schindele como miembro del ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial, hasta llegar a Chile en los 50 y su posterior colaboración con la DINA. Esto, recogiendo datos del libro testimonial “Misión de amor”, escrito por la propia madre de José Antonio Kast, Olga Rist, así como pasajes de la investigación “A la sombra de los cuervos: Los cómplices civiles de la dictadura”, realizada por Javier Rebolledo. “Mi padre fue un hombre ejemplar”, parte la respuesta del presidente Kast.
“Murió a los 90 años después de una larga enfermedad, y hoy no puede defenderse ante una serie de injurias que este medio publicó hace algunos días”. Mientras que el periodista señaló, a partir de sus fuentes, que Miguel Kast destruyó su carné militar y logró migrar con la ayuda de un ex oficial del ejército nazi ya asentado en Chile, su hijo José Antonio enfatizó que arribó “con todos sus documentos en orden” y “no como un prófugo, sino como un hombre libre”. Asimismo y atendiendo a las sospechas por la implicancia del nazismo, elevó que su padre, “al igual que millones de alemanes, tuvo que cumplir con su servicio militar obligatorio”.
El resto de sus opiniones escritas suceden todas en 2018, siendo una de las más llamativas la titulada “Soy rubio, ¿y qué? “, que también supone una replica; en este caso, hacia el columnista Cristóbal Bellolio. En ella, Kast procura ahondar en su propia definición del ciudadano promedio, contrariando que ésta se explique netamente bajo la de un hombre, blanco, heterosexual y creyente, como Bellolio sostuvo que sucedía con el entonces diputado.
Kast enumera que él en su diferencia sí se ha dedicado a “conocer el mundo” y no a significarlo desde la academia. Asegura que en su discurso político no discrimina bajo ningún concepto y menciona algunos aspectos vivenciales y rutinarios de la clase trabajadora, señalando: “A pesar de ser rubio, he podido llegar a conocer esa realidad y son ellos los que me motivan a levantar la voz”. “A pesar de ser rubio, no aspiro a otra cosa que ocupar la vitrina pública para ser una voz de los verdaderos oprimidos, de los que genuinamente representan el ciudadano promedio de nuestra sociedad”, va concluyendo Kast en su columna.
“Esos que, independiente de su sexo, color de pelo, origen o religión, buscan con esfuerzo sacar sus vidas adelante (…), aquellos a los que el Estado les sigue imponiendo regulaciones y convenciones culturales“. “Feminismo de cartón” e “izquierda cavernaria” Las opiniones de José Antonio Kast en torno a movimientos sociales con mayor tendencia en la izquierda se mantienen inmutables a lo largo de los años. Atendiendo a la contingencia de 2018, dedicó una de sus columnas a la ola feminista, abordando polémicamente lo que “una verdadera mujer” es para él.
Titulada “Feminismo de cartón” y publicada el 28 de mayo de 2018, escribe en uno de sus pasajes: “Nosotros nos debemos a las millones de mujeres verdaderas de Chile (…) Aquellas que trabajan, en la casa o en una oficina, y que son las principales responsables de la crianza de nuestros hijos (…) Aquellas que no necesitan cambiar el lenguaje de ‘nosotras’ a ‘nosotres’ para defender sus derechos ni de una ordenanza populista para enfrentar a un vendedor de ensaladas“. Para describirlas, persigue la misma calidad de ejemplos que usó para definir al ciudadano promedio en “Soy rubio, ¿y qué? ”: habla sobre aquellas mujeres que se despiertan a las 5 de la mañana para tomar transporte público, las que esperan un cupo en el consultorio, y las que se protegen de la delincuencia.
“Para ellas, el acto ‘heroico’ de un grupo de mal llamadas feministas que se toman una universidad con un petitorio tan ajeno a sus realidades debe ser un chiste de mal gusto”, escribió. En otras dos de sus columnas apunta también a las universidades, pero desde dos sucesos en su contra. Redacta “La derecha irreductible“, con el conocido episodio de agresión tras su salida de la Universidad Arturo Prat en Iquique; e “Izquierda cavernaria“, por la cancelación de su charla en la Universidad de Concepción ante la manifestación de estudiantes.
“¿Qué le pasó al comunismo chileno? se preguntan algunos, afirmando que la verdadera izquierda no censura ni prohíbe”, escribió el ahora Presidente. “Son ellos, los cavernícolas de izquierda, los que utilizan como última herramienta la censura y las prohibiciones, para tratar de impedir el surgimiento de alternativas de mayor libertad, competencia y oportunidades para el resto de los chilenos”.
De la misma forma, hizo un llamado a su sector a no intimidarse con la “violencia de la izquierda” y a revivir la derecha “irreductible” de hace poco más de 30 años; aquella definida por Jaime Guzmán, abogado colaborador de la dictura militar. “Porque en el mundo de lo políticamente correcto, la rebelión del sentido común es el camino más seguro al triunfo”, concluye. Sobre el Museo de la Memoria Una de las incógnitas que se ha elevado con la reciente subida de José Antonio Kast a la presidencia sucede en torno a los sitios de memoria y el reciente rechazo que sufrieron para asegurar su conservación bajo la ley.
Al respecto, incluso la Red Nacional de Sitios de Memoria mencionó a El Mostrador: “Entendemos que el ascenso de un gobierno de extrema derecha, abiertamente negacionista y reivindicador de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura civil militar, es una amenaza para los sitios de memoria y pone en riesgo todos los avances alcanzados”. En ese respecto, José Antonio Kast ya había expresado su opinión sobre el Museo de la Memoria en una de sus columnas en The Clinic. Esto ocurrió a propósito de las polémicas críticas del exministro de las Culturas de Piñera II, Mauricio Rojas, quien calificó el lugar como un “montaje” que impedía el raciocinio del espectador; declaraciones que terminaron provocando su renuncia a menos de 94 horas de haber asumido el cargo.
Fue entonces que Kast decidió visitar el lugar, llevándolo a percibir que parecía “más un memorial que un museo”. Aun así, destacó haberse sorprendido por sus infraestructuras “majestuosas” y el rigor histórico puesto en la mayoría de las exposiciones. “Lo que me encontré fueron muchas fuentes bibliográficas, artículos de prensa e historias validadas (…) No me dio la misma impresión el equipo de guías del museo, donde se notaba un mayor sesgo”, escribió.
Luego coincidió con los dichos de Rojas: “Efectivamente, el Museo de la Memoria es un montaje, no porque lo que está en esas colecciones sea falso, sino que porque es una puesta en escena sesgada de nuestra historia, que omite importantes capítulos de ella”, haciendo referencia al periodo de la Unidad Popular. Agregó: “Lo que le falta en el Museo, jamás va a justificar una sola vida humana pérdida a causa del odio de la izquierda o de la derecha, ni tampoco pretendo que así sea”.