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1 de Mayo en un mundo de IA
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12:11 · Chile

1 de Mayo en un mundo de IA

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Ismael Muñoz Henríquez Académico Facultad de Medicina, U. Central Cada Día Internacional de los Trabajadores devuelve una pregunta esencial: quiénes sostienen realmente la vida económica y social. En medio del avance acelerado de la inteligencia artificial (IA), esa interrogante adopta una forma contemporánea: ¿podrán las nuevas tecnologías reemplazar de manera sustantiva el trabajo humano?

Sistemas capaces de redactar textos, procesar datos, automatizar decisiones y ejecutar tareas cognitivas han instalado la percepción de que numerosos empleos podrían desaparecer. Sin embargo, la evidencia histórica sugiere algo distinto: aunque la IA transformará múltiples ocupaciones, el trabajo humano seguirá siendo decisivo en la creación de valor y en el desarrollo colectivo. No es la primera vez que se anuncia el fin del trabajo.

La mecanización industrial, la electricidad, la informática y la robotización también fueron recibidas como amenazas. Ninguna abolió el trabajo humano como eje de la economía. Lo modificaron, desplazaron funciones y abrieron nuevas ocupaciones.

La IA parece inscribirse en esa misma trayectoria, aunque con una novedad relevante: no solo automatiza tareas físicas, sino también actividades intelectuales y administrativas. El error de muchos diagnósticos apocalípticos consiste en reducir el empleo a una suma de tareas repetitivas. Trabajar no es solo ejecutar instrucciones.

Es interpretar contextos, resolver imprevistos, coordinar personas, ejercer juicio, asumir responsabilidades éticas y construir sentido compartido. Allí persiste una ventaja propiamente humana. Una IA puede responder consultas, ordenar información o producir borradores en segundos.

Pero enfrenta mayores dificultades para contener a un paciente angustiado, conducir una negociación compleja, comprender matices culturales en una sala de clases o deliberar ante conflictos de valores. La IA procesa información con velocidad; las personas interpretan significados y actúan en escenarios abiertos e inciertos. Además, el valor del trabajo humano excede con creces la productividad técnica.

También produce confianza, cuidado, creatividad, aprendizaje colectivo y cohesión social. Profesionales de la salud, docentes, trabajadores de oficios, técnicos y tantos otros no solo cumplen funciones: sostienen vínculos, transmiten experiencia y hacen habitable la vida común. Incluso en sectores altamente tecnificados, la automatización exige supervisión constante.

Los sistemas algorítmicos pueden equivocarse, reproducir sesgos o fallar ante situaciones no previstas. Por ello, más que eliminar trabajadores, muchas tecnologías redefinen funciones y elevan la demanda por nuevas competencias. El verdadero debate, entonces, no es una supuesta guerra entre humanos y máquinas, sino qué integración tecnológica queremos promover.

Si la IA se orienta únicamente a reducir costos laborales, concentrará beneficios y ampliará desigualdades; pero si se utiliza para aliviar tareas repetitivas, mejorar condiciones de trabajo y fortalecer capacidades humanas, puede transformarse en una aliada del trabajo digno y una reproducción más humana del mundo. Por eso, aunque la IA llegue a ser una herramienta de apoyo clave para las y los trabajadores, las personas siguen siendo indispensables para el trabajo. Las que cuidan, enseñan, construyen, investigan, transportan, crean y organizan la vida común.

A ellas pertenece esta conmemoración.

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